
En el corazón del barrio Perpetuo Socorro hay un edificio de cinco plantas al que se lo está comiendo la manigua. Abarca una manzana entera, ubicada entre el Hospital General de Medellín y la iglesia del Perpetuo Socorro, rodeada de plataneras, arbustos, plantas de jardín y enredaderas, que se están apoderando del edificio. Dicen que está inspirado en las edificaciones de la abandonada planta nuclear de Chernóbil, aunque en este caso el edificio, de tipo industrial y recubierto de ladrillo decorativo café y fachada de cristal, luce recién estrenado.
En los ventanales de la fachada de la moderna sede de Mattelsa —una empresa que se define como una comunidad dedicada al disfrute y el respeto por la vida, cuyo hobby es hacer la mejor ropa del mundo— se refleja el gran contraste urbano que habita hoy el barrio: la parte trasera de una iglesia neogótica del siglo pasado. El edificio de Mattelsa y el templo del Perpetuo Socorro son símbolos de filosofías opuestas. El primero busca mimetizarse con la naturaleza, volver a lo esencial; el segundo evoca reminiscencias de la Edad Media, cuando la arquitectura religiosa buscaba imponerse sobre sus fieles dirigiéndose hacia las alturas.
En el llamado polígono Z3_R_21 del POT, la Alcaldía de Medellín, por intermedio de la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU), impulsa actualmente el desarrollo de un plan parcial. El sector privado, con la participación de un grupo de arquitectos, urbanistas y emprendedores, y con el liderazgo de Mattelsa y de Comfama —que acaba de abrir al público una sede en el sector—, promueven la creación de un Distrito Creativo para Medellín en el Perpetuo Socorro, “un proyecto que quiere construir un ecosistema haciendo uso de las industrias creativas y culturales como un elemento de transformación y una apuesta por el crecimiento de la ciudad”, dicen en la presentación del proyecto.
“La mejor manera de proponer y entender ‘El Perpetuo’ es decir que es trans… transdisciplinar, translúcido, transgresor, transversal, transitorio, muy de su tiempo”, así define Paula Trujillo, su directora, el nuevo espacio de Comfama en el barrio. En un futuro cercano la bodega se convertirá en un lugar “donde nada sea estándar y tampoco perpetuo, donde todo esté en continuo cambio y la infraestructura les sirva a los creativos como plataforma para producir, transformar y empezar sus negocios”, como dice el arquitecto Emerson Marín, uno de los encargados de intervenir el lugar.
El barrio tiene una ubicación privilegiada a medio camino entre el Centro y El Poblado y está delimitado por vías arterias con circulación hacia todos los puntos cardinales. Es un pedazo de tierra plana de unas sesenta hectáreas, con forma de trapecio, entre las avenidas Regional y El Poblado y la 30 y la 33, atravesado por vías principales, de tres y cuatro carriles, como las carreras Palacé, Bolívar y Carabobo, y con dos estaciones del metro (Industriales y Exposiciones).
Un lujo urbano en momentos en que el POT busca cambiar usos del suelo y densificar la vivienda en el Centro de la ciudad. En la actualidad, es uno de los barrios donde se ve más claramente el contraste entre dos formas opuestas de entender el desarrollo y el futuro de la ciudad: una ambientalmente sostenible, pensada para la creación, el peatón, la bicicleta y el transporte público; otra a la antigua, contaminada, diseñada a la medida de los carros.
En el último censo de 2005, en el Perpetuo Socorro se registraron 46 habitantes y hoy es posible rastrear apenas un puñado de familias —no más de cinco—. Un barrio de uso predominantemente industrial, puesto mayoritariamente al servicio del uso del vehículo particular, en 2015 vivió recordadas protestas de activistas que le pedían a la Alcaldía que cumpliera el compromiso de habilitar una ciclorruta por Palacé, de 2,3 kilómetros para conectar a Ciudad del Río con el Centro. Un símbolo de una Medellín diferente en una vía primigenia, una de las cuatro originales de la Plaza Mayor (Parque Berrío), donde se erigió la Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín.
En los andenes de Palacé a la altura del Perpetuo Socorro, usados tradicionalmente por los concesionarios de carros como parqueaderos, los activistas hicieron pícnics y practicaron yoga para exigir la recuperación del espacio público para el peatón, y finalmente llevaron un ataúd para enterrar el proyecto de la ciclorruta. Ante la presión mediática, la Alcaldía cumplió con una obra que hoy atraviesa el barrio y cuenta con una estación de EnCicla en el parque ubicado al frente de la iglesia.
Ese parquecito sin nombre, arborizado, con jardineras, bancas y un quiosco central con tienda y restaurante atendido por Juan Fernando Ramírez y su madre, es el único parche verde en la uniformidad de techos grises de zinc que se ve desde el metro a su paso entre las estaciones de Exposiciones e Industriales.
En él comen las palomas en la mañana, hacen la siesta los mecánicos y trabajadores de los alrededores después del almuerzo, revolotea una bandada de loros al final de la tarde, los ciclistas esperan la llegada de una bicicleta a la estación de EnCicla a cualquier hora y “a veces pasan gavilanes que bajan a cazar o turistas que le toman fotos a la iglesia”, dice Juan Fernando.
Parece el tapetico de entrada de una iglesia sin atrio, cuya acera del frente permanece invadida de carros para beneplácito del párroco, a quien cualquier cambio que afecte el parqueo de los feligreses le parece gravísimo. En este punto también se viven los perpetuos contrastes del barrio, entre un pulmoncito verde, de vocación pasiva para guarecer a la fauna, las personas y las bicicletas, y una iglesia con ansias de parqueadero.
La Alcaldía de Medellín, a través de la EDU, le apuesta favorecer las condiciones de desarrollo del plan parcial y a privilegiar el uso peatonal frente al vehicular y planea una reforma inicial del parque en esa dirección. Ampliar las zonas verdes y aumentar el número de árboles. Los pisos de las vías aledañas recibirán un tratamiento similar al parque para crear un corredor central que permita la estancia de las personas hacia el interior, a la vez que pueda conformarse hacia el exterior un espacio de continuidad con la iglesia.
El templo del Perpetuo Socorro se construyó entre 1945 y 1951, cuando se erigió parroquia, “desprendiéndola de las parroquias de San José del centro, el Sagrado Corazón (Barrio Triste) y San José de El Poblado”, como se lee en la historia parroquial, en la que se resaltan las donaciones de familias pudientes y también las colectas a través de reciclaje de periódicos, botellas y cajetillas de cigarrillo en las que “colaboraron activamente las prostitutas del sector”, cuando en los alrededores de Palacé, Bolívar y Carabobo en esta zona había “zaguanes con cuartitos a lado y lado”, como cuenta el arquitecto e historiador Rafael Ortiz.
Dicen que las contradicciones les dan forma a las ciudades. Que sin conflicto ni una tensión constante entre lo que permanece del pasado, lo existente en la actualidad y los cambios del futuro, las ciudades morirían inmóviles, como piezas de un armatodo olvidado. Las ciudades viven sus momentos de apogeo cuando se transforman y son capaces de atraer habitantes.
Y entonces entran en contradicción. Quisieran permanecer iguales y ser completamente distintas; seguir siendo una villa entrañable y convertirse en una metrópoli agitada; no perder la vida tradicional de barrio y al mismo tiempo crear distritos temáticos, que mezclan usos, costumbres y tipos de gente. Las ciudades contemporáneas le rinden culto al concepto novedoso —distritos culturales, creativos, de diseño, de arte, de innovación— en su deseo de transformar sus lugares de siempre.

